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Revista Solo Moto Treinta de agosto 2001. Viajes Aventura. Una Excursión por el sur de Chile Reportaje y fotos de Claudio Horzella chorzella@siss.cl En el Dominio de Chile. Resulta un tanto especial comenzar a escribir un relato como éste, ya que, si bien acostumbro a escribir cada uno de mis paseos en moto por Chile o por Argentina, por pequeño que sea, por vez primera hago esto por "Encargo de SM30". Antes una pequeña introducción de como llegué a esto. SM30 fue invitada por la empresa chilena MotoAventura a viajar con ellos y ante la imposibilidad en esos momentos de que alguien viajase desde España, ha debido emplear a un lector amigo de la revista e ingeniero civil para su primer trabajo como "corresponsal" de esta revista en Chile. |
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MotoAventura La particularidad de esta empresa, como tuve el agrado de comprobar personalmente, radica en que no sólo se dedica a organizar viajes en moto, sino que emplea la moto como un medio de transporte para acceder a lugares donde se puedan vivir experiencias y aventuras diferentes, por ejemplo rafting, cabalgatas, realización de fotografías de ciervos, comidas típicas y otros, tanto en el sur de Chile como en Argentina. Además, ofrece una atención personalizada; actúan como guías y apoyo los propios dueños, por lo que los viajeros se encuentran en las mejores manos, ya que es una zona ampliamente conocida por ellos. Llegué
a Osorno un viernes a eso de las 9 de la mañana y, poco antes de las
11, una vez puesta la indumentaria adecuada, iniciamos nuestro primer
paseo. Íbamos Roberto, un posible futuro guía llamado Renato y un servidor.
El destino previsto, el lago Tagua Tagua, ubicado al sur del Seno de
Reloncaví, a unos 150 kilómetros al sur de Osorno. La ruta consistía
en bordear el lago Llanquihue por su lado norte y, luego, desviarnos
al destino sugerido. El día no se presentaba muy auspicioso. Un fuerte
viento y algo de llovizna nos acompañaron hata la pequña localidad de
Cascadas, un balneario lacustre a los pies del volcán Osorno, aproximadamente
80 kilómetros de buen pavimento.
El
fundo Pedernal, propiedad de la familia Ludwig Schilling, es un área
de poco más de 500 hectáreas que, en conjunto con otros tres predios,
conforma un coto abierto de caza de ciervos, especie introducida desde
Argentina allá por el año 1930. Es visitado por cazadores principalmente
norteamericanos y europeos, y aún no está en el óptimo aprovechamiento
turístico. Presenta, además, la posibilidad de ralizar excursiones a
caballo por sus hermosos alrededores. Cada uno puede tener su propia
opinión respecto de la caza; para nosotros era suficiente con un pequeño
tour fotográfico de estos bellos animales. Naturalmente, es una de las
opciones que MotoAventura ofrece en sus viajes.
Buena
cara y sol...
Retomamos
el camino que hicimos bajo la lluvia el día anterior. Repostamos bencina
en Frutillar y orillando el borde sur del lago Llanquihue arribamos
nuevamente a Ensenada. Ahí tomamos el desvío, pavimentado aún, que nos
llevaría hasta el destino previsto. El paisaje que pudimos disfrutar,
unido a las condiciones ideales del día, era simplemente espectacular.
Llegamos a Ralún, nos detuvimos sobre el puente donde el río Petrohue
desemboca en el Seno de Reloncaví, y no pude evitar comentarle a Roberto
que ése era uno de los momentos ideales de esta vida. Un bello día,
en un más hermoso lugar y sobre una moto, ¿qué más se puede pedir? Abandonamos
el pavimento y nos internamos hacia el sur bordeando el seno de Reloncaví.
En Cochamó tomamos la fotografía típica de ese lugar con su bella iglesia
rodeada por el mar. Continuamos viaje hasta llegar al río Puelo, que
debíamos cruzar en una pequeña barcaza. Lamentablemente no previmos
lo que podría haber ocurrido. Producto de la lluvia, el caudal del río
había aumentado considerablemente y el cruce de la barcaza era muy peligroso,
porlo cual habían suspendido el servicio. Caba destacar que es una pequeña
embarcación que se sostiene mediante un cable de acero y se ayuda en
el cruce por un bote con motor fueraborda. Su capitán había señalado
a Roberto en una ocasión anterior que ya habían caído al río nada menos
que cinco vehículos. Decidimos no aumentar las estadísticas y no nos
quedó más remedio que disfrutar del lugar y emprender el camino de regreso.
Nos faltaron sólo 15 kilómetros para el lago Tagua Tagua. El último día, después de un tardío despertar del invitado (yo), debido al cansancio acumulado y a la falta de práctica en casi dos años sin tomar la moto para estos menesteres, Roberto me invió a un corto paseo de unos 140 kilómetros en total hacia Bahía Mansa, la costa de Osorno. Un día nuevamente nublado en el que en un camino sinuoso pudimos disfrutar de sus numerosas curvas. Había escuchado no muy buenos comentarios de esa zona; sin embargo, como muchas cosas de esta vida, todo es subjetivo dependiendo de los ojos que lo miren; a mí, el paisaje me pareción muy lindo. Una costa donde la vegetación nativa llega hasta el borde mismo del mar, una acogedora caleta y un balneario con numerosas casas que en esta fecha ya estaban sin sus moradores. Al regreso, la lluvia nuevamente se hizo presente, pero poco antes de llegar a Osorno ya daba lo mismo después de los acontecido el viernes. Me puse el traje para el agua y cero problemas. Antes de llegar a casa de Sonia y Roberto, una vez ya en la ciudad misma, el ambiente que había, el día cubierto y la lluvia, ver en las numerosas chimeneas cómo salía el humo, sentir el aroma de la leña, en fin, la misma soledad de las calles, me hizo recordar momentos vívidoes en mi infancia. Algo tiene particular ese ambiente que me llena de nostalgia. Es algo difícil de explicar con palabras, es una situación particular mía que quiero comentar porque me llena el alma de recuerdos bellos. Almorzamos en casa junto a Peter Hopf, un simpático y robusto alemán avecindado en Chile hace muchos años, y su señora mexicana, quien a la vez de hacer de guía en algunos viajes, se encarga de un aspecto logístico básico y esencial, la comida. Fue dueño de un buen restaurante en Osorno, y, hoy, quien vaya a algunos viajes con nuestros amigos, podrá disfrutar de su buen mano y deleitarse con su arte. Y llegó la hora del regreso. Guardar mi equipaje, botas, ropa de agua y demás, casco en mano al bus de vuelta a Santiago. En el camino repasé lentamente los buenos momentos y emociones vividos, muchas para un largo fin de semana en moto.
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