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PARA CONTARSELO A LOS NIETOS Un viaje de 4 mil 500 kilómetros y 14 días de duración, lleno de anécdotas y paisajes increíbles, donde los matrimonios volvieron a pololear y la camaradería se hizo presente en cada uno de ellos Por Fernando Fuente-Alba C. Fotografías: Hans Weber S. Muy al estilo de la pelicula Easy Rider; unpuñado de penquistas se lanzó hace unas semanas en, quizás "la aventura de su vida": unir ida y vuelta a bordo de una motocicleta las ciudad de Antofagasta y las ruinas de Machu Picchu, en Perú. Se trató der un viaje que les tomó 14 días y 4 mil 500 kilómetros de asfalto y ripio, una travesía inolvidable a través del desierto chileno y el altiplano peruano, que arrojó anécdotas y paisajes asombrosos, que quedarán para siempre en la memoria de este singular grupo de motociclistas. La aventura se inició en tierras antofagatinas, desde donde salió la caravana rumbo al desierto de Atacama, para recorrer duranto los dos primeros días bellezas como el pueblito de San Pedro, los géiseres de El Tatio, el mineral de Chuquicamata y el Salar de Atacama. "Hace tiempo que estábamos con la inquietud de hacer un viaje largo, pues somos amantes de las motos y esta vez queríamos incluir a nuestras señoras", sostiene Hans Weber Silva, quien juanto a su mujer, María Eugenia Celis Trujillo, formó parte del contingente.
Llegada a Perú: Uno de los tramos más duros, tanto por los kilómetros como por lo engorroso de la aduana incaica, fue de Iquique a Tacna, una jornada de más de 400 kilómetros. "Ahí dormimos una noche, comimos exquisito, y al otro día viajamos hasta Arequipa, cubriendo cerca de 500 kilómetros. Afortunadamente, las carreteras peruanas son bastante buenas, aunque sólo de doble calzada", señala Pedro Gouett Bañares, otro de los aventureros, quien viajó en compañía de su señora Soledad Pérez Menéndez. Las estrategia de viaje era partir muy temprano por la mañana, para llegar cerca de las tres de la tarde al destino indicado en esa jornada. Ahí se almorzaba y estacionaban las motos en los hoteles, luego de lo cual salían a recorrer las localidades a pie, evitando el riesgo de un accidente en zonas con más tránsito o bien cualquier tipo de percance con las motos. Tramos aparte fue el que unió las ciudades de Arequipa con Cuzco, una etapa de más de 600 kilómetros donde las motos y sus pilotos atravesaron sectores de la carretera que estaban a casi 5 mil metros de altura sobre el nivel del mar. "Es un paraje precioso, una estepa tapizada con un coirón muy verde, parecido al de Tierra del Fuego, pero con unos cerros muy empinados", explica Andrés Gatica Jolfre, empresario gastronómico penquista que al mando de su flamante Harley Davidson también fue protagonista de la travesía, eso si dejando en Concepción encargada de los restaurantes a su mujer: Ariane Maira Ratier. Ya en la ciudad cuzqueña, la comitiva permaneció tres días allí, aprovechando sus integrantes de conocer algunos de los prestigiosos restaurantes locales y probar - como no - los famosos pisco sours peruanos. "El casco histórico de Cuzco es impresionante, es un destino que no se puede dejar de hacer. Sin duda, se trata de uno de los lugares más lindos de Sudamérica, pues ahí están las ruinas más importantes del Imperio Inca", comenta "Peyuco" Gouett.
Desde aquella ciudad se trasladaron a Valle Sagrado por un camino que, generalmente, los turistas hacedn en tren, y que se encuentra a los pies de Machu Picchu. Ahí las motos se estacionaron, para abordar transfers que los llevarían a la ciudad oculta. "Fue un viaje extraordinario, unamoto muy cómoda que transformó la aventura en una experiencia increíble, pues uno pasa a formar parte del paisaje. De todas maneras lo repetiría", opina Soledad Pérez, quien - hasta entonces la ruta más larga que había hecho a bordo de una moto era desde Concepción a Cochogüe. El viaje de retorno fue por la ribera del Titicaca donde conocieron la localidad de Puno y se maravillaron con los indios Huros, que viven sobre unas islas de totora en pleno lago. Sin duda, un viaje inolvidable para esta comitiva penquista, que no sólo sirvió para que los matrimonios involucrados reforzaran el compañerismo y la camaradería, sino también apra desperar el "bichito" de la travesía, pues ya hay anuncios de nuevas odiseas, entre ellas acelerar hasta Puerto Madryn, en Argentina, o quizás el más importante: unir Alaska con UShuaia, y así recorrer toda la Panamericana.
"Teníamos ataque de risa. Nos demoramos cinco horas por lo mal organizado de la aduana peruana. No importaba quien conducía la moto o de quien era, solo necesitaban seis timbres que debían tener los papeles que te pasaban. Al final era casi una búsqueda desesperante por encontrar al tipo que tenía el sello que le faltaba a tus documentos", recuerda Weber. Así también, saliendo de Arequipa y confiado en la autonomía de la motocicleta, uno de los aventureros sufrió "la pana del tonto" y quedó sin gasolina a cincuenta metros de la bencinera. Mención aparte fue la lucha entre los matrimonios participantes por la soberanía de las maletas. Las máquinas salieron muy bien acomodadas y cargadas, pero volvieron llenas de mantas, artesanías y lanas; "casi como moto de equco", dijo uno por ahí. Los baños del desierto también fueron parte del anecdotario, debido a que dado lo plano del terreno era mu difícil ocultarse del ojo travieso de pilotos y acompañantes. Quienes más sufrieron con la falta de rocas en la carretera fueron las mujeres, las que mucho más pudorosas que los hombres, trataban de ocultarse detrás de piedras minúsculas.
El viaje organizado por MotoAventura, una empresa dedicada a este tipo de travesías. Y un papel protagónico tuvieron las motos, vehículos de travesía y de gran autonomía de combustible. Así, por ejemplo, las máquinas representas de Concepción fueron una BMW Adventure de 1.150 cc, una Harley DAvidson de 1.340 cc y una Honda Varadero de 1.000 cc.. ¿Cuánto costó la gracia? El viaje, sin bencina para las motos y comidas extras, tiene un valor de mil dólares por persona. Las recomendaciones son ir con vestimenta técnica, traje impermeable y térmico, además de botas y guantes; todo indispensable apra capear el frío del altiplano Motoaventura a Villa General Belgrano Un 18 en Maricunga, relato de Roberto Thomson Motoaventura en Solitario al Pirihueico Viaje al norte de Chile con Honvy, una moto viajera Honvy va al encuentro Traucos 2001 Motoaventura en Solitario al Salar de Maricunga Viaje a Cuzco - Relato de un amigo
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