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Motoaventura al Salar de UYUNI, agosto 2007

Meses de preparación tanto física como técnica tomó al grupo de 15 aventureros que participarían en este viaje. La altura y tipo de caminos serían la principal dificultad.

Un día sábado por la mañana se reúne el grupo en las oficinas de Williamson Balfour. En esta oportunidad Roberto haría una exposición de fotografías y daría información en relación a la ruta, hospedaje, alimentación, gasolina, etc. En esta reunión ya podía verse claramente el interés de los viajeros. Muchas preguntas y activa participación fue la tónica de esta reunión. Sábanas, guatero, tete, yogurt y leche para el viaje fueron los principales temas de análisis.

Luís Ignacio Silva había ofrecido su teléfono satelital para el viaje lo que nos daría una tranquilidad adicional.

 

       

Cada viajero entregó su moto en las oficinas de Williamson Balfour para su traslado a Tur Bus, empresa encargada del traslado de éstas hasta Calama. 

Los pilotos participaron activamente en la carga de las motos en el camión que las llevaría hasta la oficina de carga en Tur Bus. Por la forma de vestir de los participantes podía apreciarse que a pesar de ser una mañana soleada la temperatura era aún baja. Los árboles sin hojas

o sólo con algunas muy amarillas o marrón colgando de sus ramas, indicaban claramente que el invierno aún estaba presente. Invierno que además había sido muy frío. Hace más de cuarenta años que no se veía tanta nieve en Santiago lo que me llevaba a reflexionar acerca de la gente que utiliza el modernísimo Transantiago, otro tema que ya no resiste más análisis.

 

 

      
 

 

Allí las esperaban nuestras jaulas que transportarían tan preciada carga a Calama, punto de partida de la Travesía Altiplánica 2007.

Cada participante, con la ayuda de nuestro amigo y colaborador Paulo Ramírez, amarró firme y delicadamente su joya a las jaulas correspondientes. Luego vendría la espera del día de encuentro y partida desde Calama

 

    

 

Lunes por la mañana ya estábamos con Carlos Piwonka en Calama retirando las motos de los participantes. Una a una fueron llevadas al hotel donde esperarían la llegada de sus pilotos. Durante la mañana algunos viajeros fueron llegando y pudieron ayudar en el traslado.

Calama soleada y algo fresca veía el ir y venir de nerviosas motos  circulando por sus calles. Por la tarde ya la temperatura era lo suficientemente templada como para circular sólo con polera. Ciertos aromas hacían recordar que la primavera está próxima a llegar.

 

Cuento aparte fue la descarga de la moto de Zivko. Un verdadero bunker fue diseñado por este personaje para el traslado de “la máquina”. Casi muchos pernos había que sacar para descubrir, cuál cofre lleno de monedas de oro, el preciado tesoro en su interior.

 

Este nivel da la posición exacta para que el manubrio de la moto no toque las paredes laterales de la “super caja”, nos explica  este simpatiquísimo aventurero de Punta Arenas.


 

 

         

A medio día algunos motoristas, para apaciguar la ansiedad, decidieron hacer un precalentamiento viajando a San Pedro de Atacama. Allí se encontrarían con Rodrigo Cáceres y Jaime Soto, quienes se trasladaron en moto a Calama.

Carlos y yo seguíamos con la preparación del viaje. Retiro de la camioneta arrendada por Williamson, que pasaría a ser nuestro valioso vehículo de apoyo, bidones con gasolina de reserva, algo para masticar durante el viaje, etc.

Esa mañana a pesar de todos los intentos para resucitar la moto de Gastón Ossa, la batería decía fin a sus días de existencia. Muchas llamadas para conseguir rápidamente una nueva batería nos hacen esperar hasta el próximo día esperando una solución a tan odioso problema.

Por la noche una buena y concienzuda cena da la bienvenida a todos los participantes. Todos muy preocupados por los síntomas de la altura deciden comer lo más liviano posible. Bifes chorizo, papas fritas, buen vino, cerveza, caipiriñas y un no sé cuanto más era lo ideal para afrontar las penurias que sufriríamos en la altura. El dueño del restaurante resultó ser un amigo de Osorno, quién tuvo la gentileza de invitarnos más vino para así atenuar el mal de altura. Todo iba de acuerdo a las recomendaciones para evitar malestares en el paso por las elevadas cumbres cordilleranas.

Al regresar al hotel, me ofrecen testear el más revolucionario sustituto de crema de manos. Renzo Cavalieri me desafiaba animosamente a colocar ron en mis manos. Asegura que luego de unos segundos sentiría mis manos muy suaves con este preciado manjar. Efectivamente así era, luego que se disipara el alcohol mis manos habían quedado muy suaves y además con un delicioso aroma. Habría que considerar llevar de regalo a las respectivas parejas tan curiosa “crema de manos”.

 

Día 1)

 

Lo primero fue arreglar la rueda trasera de la ahora “enchulada” camioneta de apoyo. Dicha rueda no había encontrado nada mejor que perforarse con una llave allen. En segundo lugar debíamos dar solución al problema de la batería de Gastón. Una confusión en la información había dejado la nueva batería perfectamente embalada encima del escritorio de Gastón en Santiago. No quedaba más alternativa que encontrar en el mercado local la dichosa batería.

Un buen dato de Rodrigo nos lleva a un lubricentro que curiosamente disponía de un variado surtido de baterías de moto. Mientras activábamos e instalábamos ésta en la moto recibíamos nerviosos y continuos llamados del grupo preguntando si estábamos listos.

Al fin con la moto en orden llegamos al hotel para comenzar con la ansiada salida.

 

     

La primera escala fue en Chiu Chiu, una iglesia con cerca de 400 años de antigüedad daba la bienvenida a los motoristas. La entrada al pueblo anticipaba lo que vendría más adelante. Un pequeño pozo de arena obliga a suspirar a más de uno.

 

 

    

 

Ahora sí ya camino a Ollague teníamos a los volcanes San Pedro y San Pablo a la vista. Algunos pozones de chusca fueron la parada obligada para ver el espectáculo del paso por éste de las motos. Con algo de temor pasamos todos sin novedades.

 


 

La próxima detención sería en algún punto del salar de Ascotán para sacar algunas fotografías.

Encontrado el lugar detengo la moto y escucho detrás de mí un curioso y ya conocido ruido. Nuestro médico del viaje, Gustav Rohde, había decidido comenzar con las excavaciones en su recién comprado terreno junto al salar de Ascotán.

 


 

Debajo de una nube de polvo y muy sucio se encontraba sentado mirando su recostada moto. Afortunadamente salió del asunto sólo con una torcedura en el pie. Las maletas laterales hubo que colocarlas en la camioneta de apoyo. No dejé de pensar lo curioso que sería que un ginecólogo asistiera a los recios machos motoristas.

Todos arriba de las motos y seguíamos camino.

A la izquierda ya divisábamos el salar Carcote, rápida detención para algunas fotos y el viaje continuaba a Ollague

 


 

Alrededor de la 5 de la tarde ya estábamos en nuestros aposentos a la espera de la cena preparada para nosotros.

Durante la cena pude constatar lo relevante que es ser claro y preciso al momento de consultar algo a las personas que habitan la zona.

Señora, tiene vasos?  Sí, si tengo, me contesta mientras se aleja. Luego de un largo rato comprendo mi error, debía directamente solicitarle que trajera vasos.

Ya que se trataba de un albergue rural debíamos compartir la habitación. Tres habitaciones con tres pilotos en cada una y una cuarta habitación para seis pilotos que al día siguiente pasó a ser una verdadera jaula de leones. Afortunadamente no viajaba con nosotros algún medio ambientalista, de lo contrario estaríamos detenidos por contaminación atmosférica.

Distintos fueron los comentarios en relación a aquel albergue, dormí muy poco, dormí como las …….., etc. pero todos con excelente ánimo.

 

Día 2)

 

-9 grados marcaba el termómetro de la moto. Una mañana radiante pero muy fría nos esperaba ese día. Todos a tomar desayuno, unas gigantescas sopaipillas nos esperaban. Luego a dar marcha a los motores, maniobra que tuvo un cierto grado de dificultad. El frío y la altura las hacían un poco torpes en el arranque. Los estanques ya habían sido repostados la tarde anterior.

Sólo a unos metros estaba la oficina de aduana y policía internacional.

Luego de cumplir con los trámites de rigor ya estábamos cumpliendo con los mismos en Bolivia. Tras una larga espera fuimos atendidos por el único funcionario de aduana boliviana presente.

 

 


 

Al fin ya íbamos camino al pueblo de Uyuni.

Varias detenciones para tratar de fotografiar el espléndido paisaje. En una curiosa formación de rocas al costado del camino fue el lugar en donde nuestro médico Gustav decide comprar su segundo terreno. Por segunda vez sólo el orgullo salía herido. A ese ritmo sacábamos cuentas y el resultado era poco alentador. Muchos porrazos le quedaban por delante.

 


 

Cerca de las 5 de la tarde ya estábamos en Uyuni y antes de llegar a nuestro hotel decidimos cargar nuestros estanques de combustible. Calculadora en mano se hacen sumas y restas para evitar el uso de gasolina con plomo.

 

 


 

Ya en el hotel una amable señora nos indica las correspondientes habitaciones. Para algunos habitaciones cómodas y amplias y para otros habitaciones con baños tan pequeños que no podían lavarse los dientes en la ducha sin mojar la cama. Al día siguiente los cambiarían a habitaciones más confortables.

Por la noche correspondía la cena de rigor. El mejor restaurante de Uyuni sería quien nos daría nuestra primera comida boliviana. Ya en la mesa Rodrigo Tobar decide retornar raudamente al hotel. La altura le estaba pasando una mala jugada.

La comida fue sencilla, sabrosa y al menos no nos dejó conectados a tierra, cosa muy común en estas latitudes.

Ya cansados y con frío llega la hora del descanso no sin antes dejar en claro la hora de salida del siguiente día.

 

 
 

Día 3)

 

Sin tanto frío como la mañana en Ollague salimos en dirección a Colchani, lugar donde se encuentra una de las entradas al salar. Tramo de unos 20 kms. en donde la calamina causaba estragos en nuestras amalgamas.

 

 


 

Ya en el interior del salar doy algunas recomendaciones de cómo conducir nuestras motos y en que dirección. Ojos de agua, hotel de sal, isla Incahuasi y momias serían nuestros destinos. Dada la inmensidad del salar debemos utilizar GPS para ubicarnos en el interior de éste.

La blancura del salar literalmente cegaba nuestra vista y al rodar sobre este mar de sal daba la sensación de esquiar sobre nieve. El frío viento penetraba por distintas espacios y nos recordaba la altura a la que estábamos. Los fuertes rayos solares comenzaban rápidamente a tostar nuestra piel.

En el hotel de sal, a eso de la diez de la mañana, nos recibe un amable hombre que se encontraba tomando Whisky, totalmente borracho falla en su intento de sentarse y cae de espalda al suelo.

Muchas fotos en el interior del curioso hotel en donde absolutamente todo esta hecho con sal.


 

Ahora en dirección a la isla Incahuasi. Durante los casi 70 kilómetros que dura este tramo decidimos sacar algunas fotos del grupo completo.

Algunos aprovecharon el momento para hablar por celular y cerrar los últimos negocios o rendir cuentas a la patrullera.

 

 


 

Además varios intentan batir records de velocidad aprovechando la amplitud, lo plano y la ausencia de amigos de la carretera.

Ya en la isla no deja de impresionar el tamaño de los cactus y lo extraño que es el que estén en ese lugar.

 

6

 

Luego de un largo rato en la isla salimos en dirección a Coqueza, a unos 40 kilómetros, para visitar una tumba que contiene momias que aún es posible fotografiar sin restricciones.

En este tramo, cual verdaderos niños, decidimos hacer una carrera. Todos en una perfecta línea horizontal preparados para demostrar que nuestra moto era la más veloz. Al sonido de una bocina dejaríamos parte de nuestros neumáticos en el salar. No tuve claro quien fue el ganador, mi espejo estaba muy sucio para ver quién venía en segundo lugar tratando de alcanzarme. (Esta frase va a sacar ronchas!!!!)

La tumba está en una pequeña cueva que sólo mantiene fuera a los visitantes con una pequeña puerta de metal asegurada casi con un candado de diario de vida. Lo extraño y bueno es que las momias están completas, curioso es que los visitantes hayan evitado la tentación de llevarse algún recuerdo.

Para acceder a esta tumba debíamos subir un pedregoso y arenoso camino. Los más avezados optaron por subir en la moto, el resto quedo en el pequeñismo villorrio sacando fotos de la iglesia y de la espectacular panorámica del salar. La subida había tenido cierta dificultad y la bajada fue más entretenida aún.

Nuestro amigo Juan Cortés tomó una sabia decisión, él subió y bajó cómodamente sentado en el pick up de la camioneta.

 


 

Nuevamente en el salar debíamos retornar en línea recta al punto en donde entramos, a unos 80 kilómetros para allá ….. de esta enorme superficie salada.

 

 


 

Muy ordenados y algo cansados regresamos a Uyuni para comenzar nuevamente con los cálculos matemáticos para evitar la gasolina con plomo. Claro que ya sólo algunos privilegiados aún disponían de tal vital elemento sin plomo. El resto debimos conformarnos con el combustible local.

Por la noche una pizzería nos vio llegar y comentar tan fabuloso día.

 

P.D. Nuestro médico no quiso comprar un trozo del salar por la dificultad    

       para encontrar agua dulce.

 


 

Día 4)

 

Por la mañana algunos habían lavado la moto, ya que la sal del día anterior podría dañar más de alguna pieza.

Ese día nuestro destino era Oruro. A los pocos kilómetros ya nuestras amalgamas no resistían más. Al detenernos era casi imposible mantener fijos los ojos, saltaban sin parar. La chusca había retornado y seguía ensuciando la ahora también salada ropa.

Al par de horas de viaje, la moto de Gastón decide no funcionar más. Pese a que intentamos todo lo conocido para estos casos, tuvimos que subir la moto a la camioneta.

 

 

 

Unos kilómetros más allá Zivko decide que debemos instalar un nuevo y revolucionario sistema de suspensión en su moto. La nueva y majestuosa Adventurneta (una rara mezcla de Adventure y citroneta) corría no tan rauda por el altiplano boliviano. Zivko buscaba afanosamente un acuerdo comercial entre ambas empresas pero creo que realmente sería un  fracaso. De 30 a 40 kilómetros por hora era su velocidad máxima en estos suaves y tranquilos lomajes.

Algunos kilómetros antes de llegar a Huari un desvío de la carretera nos llevó a lo que pasó a ser El Festival del Porrazo. Kilómetros de profunda chusca llevaron a casi todos al piso, por supuesto, también a nuestro doc. Durante este proceso descubrimos que Bolivia tiene un producto potencial de exportación, el talco !!! Se produce naturalmente en los caminos y sólo deben agregar un agradable aroma.

Verdaderos piscinazos eran los que nos dábamos en la chusca. Cuál más espectacular que otro. Luego de una reñida competencia entre Jorge Quirós y Juan Suter, fue éste último quién se quedaría con el premio mayor.

 

 

 

 

Mientras tanto Zivko de rebote en rebote, seguro y constante, nos alcanzaba.

Ya por la noche arribábamos a Oruro, la entrada a la ciudad parecía zona de guerra y con ciertas dificultades llegamos al hotel.

El estacionamiento para las motos era en un salón interior del hotel y para acceder a él debíamos subir tres escalones que hacían topar el motor de las motos. Un tablón mejora la situación y mientras filman en la plaza central un comercial promocionando el carnaval, terminamos de estacionar las muy empolvadas motos.

Un poco más tarde vendría nuestra última cena en Bolivia.

Día 5)

 

Supuestamente ese día saldríamos muy temprano ya que la distancia a recorrer era la más larga del viaje. Algunos todavía insistían en la gasolina sin plomo. Saliendo de Oruro pasamos por una estación de servicio en donde el empleado, con una amplia sonrisa (diente por medio) nos afirma tajantemente, siiiiiiii sin plomo!!! Le creemos inmediatamente y decidimos completar nuestros estanques.

Dejando atrás la ciudad, a la entrada de un puente, nuestro vikingo, Juan Suter, tuvo que clavar los frenos después de que un boliviano aturdido levantara un cordel que cruza la carretera para señalar un peaje. Luego de cancelar los valores correspondientes podemos seguir viaje esta vez sobre pavimento. Luego de algunos kilómetros volvemos a la realidad y comienza nuevamente la calamina y algo de chusca.

Nuevamente algo de carretera pavimentada y nuevamente el camino tan familiar para nosotros.

 

Al llegar a Písiga, frontera boliviana, nos recibe una tormenta de viento tipo Patagonia que nos tapiza de arena. Lamentablemente llegamos a la hora de almuerzo y por supuesto los funcionarios bolivianos cerraron las oficinas dejándonos a la espera con los cascos puestos y cerrados, única forma de capear el golpeteo de la arena en nuestras caras.

 

En Colchane, el lado chileno de la frontera, completamos nuestros trámites de rigor no sin antes disfrutar como Mauricio Vergara conversaba con Carabineros, dorando la píldora, para que no se dieran cuenta de que estaba con la licencia para conducir moto vencida.

Luego seguimos a nuestro destino final, la ciudad de Iquique. Ya al atardecer estábamos cargando nuevamente nuestras motos para su despacho a Santiago cuando llega Rodrigo con su ahora fallecida moto. El motor había dejado de funcionar bajando a Iquique y logró llegar al depósito de carga, dejando algunos despelotes en el tránsito, con el vuelo.

 

Una buena cena de despedida da punto final a esta Motoaventura.

 

P.D. Cuando salíamos del hotel, a las 7 de la mañana, con rumbo al    

       aeropuerto, Carlos y yo nos encontramos con algunos personajes

       del grupo que venían llegando al hotel para tomar desayuno. Los

       nombres se mantendrán en reserva pero la divulgación o silencio

       de éstos valen dinero.

Participantes

    

Doc. Gustav Rohde

 

Jorge Quirós

 

Sergio Vives

 

 

Luís Ignacio Silva /  Juan Cortés / Renzo Cavalieri

 

Zivko Babaic

 

Gastón Ossa

 

Jaime Soto

 

Rodrigo Tobar

 

 

Rodrigo Cáceres

 

Juan Suter

 

Mauricio Vergara

 

Carlos Piwonka

 

Roberto Baum

 

 

 

 

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